La ciudadanía española y, por tanto la riojana, debe encaminar su actuación socio-política en esa triple dirección. Primero: tomar conciencia de lo que nos están vendiendo como única posibilidad presente y futura, los poderes económicos, los grandes bancos norteamericanos e ingleses, también los españoles; las empresas multinacionales, los economistas orgánicos y los medios de comunicación propiedad del gran capital, de personajes como Berlusconi, y, cuyos profesionales -¿profesionales?- gritan a voces, sin ética, lo que sus propietarios, propietarios de su palabra como diría León Felipe, les dictan. Y, lo que venden, lo que gritan es simple, sencillo, pero que poco a poco va calando en la población: el estado del bienestar se ha agotado y no puede continuar; deben disminuir las pensiones públicas en un futuro inmediato; la sanidad actual hay que recortarla para que sea viable, al igual que la educación y la dependencia, su ley y su financiación, revisarlas; tenemos que trabajar más y cobrar menos, para aumentar la productividad y la competitividad. En fin, todo ello lo sintetizan muy bien los ultraconservadores republicanos de EEUU: menos estado y más mercado. Mercado sin regulación alguna, para que los poderes económicos incrementen aún más sus ganancias y alimenten así el apetito libidinoso de su avaricia.
Pues bien, hay que tomar conciencia de que ese mensaje que repiten machaconamente y que nos gritan a los ciudadanos es falso y engañoso. Lo que nos están diciendo en realidad es: vuestros hijos y nietos, vuestros discípulos en las aulas, tienen que vivir peor que vosotros, en peores condiciones sanitarias, de educación, ambientales, en peores condiciones de dignidad humana. Y ello para asegurar y aumentar las ganancias de unos pocos, los elegidos, ¡siempre los elegidos por dios o los dioses!, ahora los elegidos por el mercado. Pensemos, por ejemplo en Telefónica. Ganancias ingentes, pero para incrementarlas y alimentar aún más el sueldo (¿sueldo?) de sus elegidos, hay que suprimir el 20 % de sus trabajadores, hay que mandar a la calle a unas 6.000 personas.
¿Cómo no indignarse, indignarnos, los hombres y mujeres de a pie? ¿Cómo no darnos de baja, ya, todos los españoles de Telefónica?
¡Indignaos! Es el mensaje de Stéphane Hessel y José Luis Sampedro en un breve libro ya editado con ese título en España. Libro-manifiesto que de ninguna manera lo es revolucionario o extremista, sino al revés, pues de un modo sencillo comunica a los jóvenes y a los no tan jóvenes que este empobrecimiento actual que lo será aún mayor en el futuro, es solo producto del egoísmo y de la avaricia de una ideología neoliberal y ultraconservadora económica. No es una necesidad histórica. Además, tampoco tiene sentido. Es una tomadura de pelo a la gran mayoría de la humanidad. De ahí la indignación que nos debe producir previa a la movilización.
Movilizarse. Hay muchos modos de movilización. Por ejemplo ésta: diciendo no a esa ideología egoísta y avariciosa. Diciendo no a los partidos de derechas y ultraconservadores que sustentan, apoyan y aplauden esa ideología, como lo hace Aznar. Esos partidos predican: menos bienestar, menos estado, menos regulación de los mercados, menos uniones de estados multinacionales o internacionales. Es decir, menos fortaleza política, menos organización sindical, menos dignidad humana. Solo vale el dinero, la globalización y la tecnología que los favorece.
Recuerdo una idea que oí al intelectual y sociólogo francés Alain Touraine en una conferencia en Barcelona en el año 2000: combatir el poder económico global solo es posible creando asociaciones políticas también globales, internacionales, capaces de enfrentarse a él y de regularlo; así como formar grandes y pocas, muy pocas confederaciones internacionales sindicales, defensoras del bienestar social y de la dignidad del trabajo, de la dignidad humana. Si no, los pequeños estados nacionales o los sindicales gremiales, corporativos, regionales, están de antemano derrotados.
Movilización. Muchas formas de movilización. Que cada uno elija la suya. Pero una puede ser común: no a ese dogma exclusivamente economicista; no a quién la apoya y alimenta política, social y sindicalmente. ¡No!
Valentín Marzo es miembro del Consejo Asesor de FETE-UGT La Rioja